La creciente demanda de insumos y alimentos, por parte de la población humana ha incrementado fuertemente la presión de uso sobre las áreas marinos - costeras y muy especialmente sobre las regiones someras, debido a la mayor facilidad con que pueden llegar a ser explotadas (Llano y Hernández, 2003). La explotación de los recursos costeros y de sus hábitat está en función del tamaño de la población humana y de su grado de desarrollo socioeconómico (Caddy y Griffiths. 1996). En 2003, La organización de las Naciones Unidas estimó que la población actual era de 6.700 millones de personas (ONU, 2007). Para ese momento, el 60% de la población mundial vivía en zonas costeras, y el 65% de las ciudades con una población de más de 2,5 millones de habitantes son las que están ubicadas a lo largo de las costas del mundo (ONU, 2003).
Las actividades humanas relacionadas con ésta expansión urbana, tales como la construcción de puertos, marinas y defensas costeras, la explotación del petróleo y el gas y la minería, el turismo y las prácticas pesqueras destructivas perjudican a los arrecifes de coral, las costas, las playas y los fondos marinos (ONU, 2002). Se están atacando hábitat importantes para la biodiversidad marina, se están destruyendo zonas donde se reproducen y se alimentan especies marinas de importancia vital para la seguridad alimentaría mundial (ONU, 2002).
La mayor parte de la demanda de productos del mar se refiere al pescado, sin embargo la captura, producción y cosecha de moluscos, especialmente de bivalvos, también va a tener un papel esencial a la hora de satisfacer esta creciente demanda (Helm, et al., 2006). Durante el decenio 1991-2000 se observó un aumento constante de la producción de bivalvos, pasando de 6,3 millones de toneladas desembarcadas en 1991 a más del doble en 2000, con 14 204 152 toneladas métricas (t) de bivalvos procedentes de la pesca y de la acuicultura (Helm, et al., 2006).
La captación de ostras en bancos naturales ha ocasionado que muchas de estas poblaciones naturales se encuentren cerca de los límites máximos sostenibles y en algunos lugares ya los han sobrepasado (ONU, 2002; Helm, et al., 2006). La explotación excesiva de éste recurso, y de todos los recursos pesqueros en general, amenaza el equilibrio y la viabilidad de todo el ecosistema marino, reduce el crecimiento económico y pone en peligro la seguridad alimentaría y los medios de vida de los habitantes de las zonas ribereñas, particularmente en los países en desarrollo (ONU, 2002). Lo que trascendiendo a las prioridades humanas conlleva a un problema ecológico de fondo, la desaparición de las poblaciones naturales que son explotadas.
De los moluscos explotados para consumo humano, la ostra, Crassostrea rhizophorae, es uno de los bivalvos que mayor de interés comercial tiene en el Mar Caribe y aguas adyacentes (Gil y Moreno, 2007).En Venezuela, la comercialización de la ostra se realiza en casi todas las playas con mayor potencial turístico del país, la cual es ofrecida al turista o visitante cruda directamente en la concha (Gil y Moreno, 2007).
La comercialización de la ostra de mangle (Crassostrea rhizophorae) se realiza durante casi todo el año en las playas orientales, con mayor incidencia en temporadas altas y es realizada por tres grupos: los extractores, los extractores – vendedores y los re-vendedores. La comercialización de este recurso pesquero es una actividad económicamente importante de la cual dependen gran número de personas, siendo la única entrada de ingresos en el grupo familiar, este factor ocasiona graves problemas ecológicos no sólo porque contribuye a una sobreexplotación de los bancos naturales, sino que también se extrae la raíz del mangle rojo que es donde suele fijarse en los sistemas lagunares (Villarroel et. al., 2005).
Introducción
La creciente demanda de insumos y alimentos, por parte de la población humana ha incrementado fuertemente la presión de uso sobre las áreas marinos - costeras y muy especialmente sobre las regiones someras, debido a la mayor facilidad con que pueden llegar a ser explotadas (Llano y Hernández, 2003). La explotación de los recursos costeros y de sus hábitat está en función del tamaño de la población humana y de su grado de desarrollo socioeconómico (Caddy y Griffiths. 1996). En 2003, La organización de las Naciones Unidas estimó que la población actual era de 6.700 millones de personas (ONU, 2007). Para ese momento, el 60% de la población mundial vivía en zonas costeras, y el 65% de las ciudades con una población de más de 2,5 millones de habitantes son las que están ubicadas a lo largo de las costas del mundo (ONU, 2003).
Las actividades humanas relacionadas con ésta expansión urbana, tales como la construcción de puertos, marinas y defensas costeras, la explotación del petróleo y el gas y la minería, el turismo y las prácticas pesqueras destructivas perjudican a los arrecifes de coral, las costas, las playas y los fondos marinos (ONU, 2002). Se están atacando hábitat importantes para la biodiversidad marina, se están destruyendo zonas donde se reproducen y se alimentan especies marinas de importancia vital para la seguridad alimentaría mundial (ONU, 2002).
La mayor parte de la demanda de productos del mar se refiere al pescado, sin embargo la captura, producción y cosecha de moluscos, especialmente de bivalvos, también va a tener un papel esencial a la hora de satisfacer esta creciente demanda (Helm, et al., 2006). Durante el decenio 1991-2000 se observó un aumento constante de la producción de bivalvos, pasando de 6,3 millones de toneladas desembarcadas en 1991 a más del doble en 2000, con 14 204 152 toneladas métricas (t) de bivalvos procedentes de la pesca y de la acuicultura (Helm, et al., 2006).
La captación de ostras en bancos naturales ha ocasionado que muchas de estas poblaciones naturales se encuentren cerca de los límites máximos sostenibles y en algunos lugares ya los han sobrepasado (ONU, 2002; Helm, et al., 2006). La explotación excesiva de éste recurso, y de todos los recursos pesqueros en general, amenaza el equilibrio y la viabilidad de todo el ecosistema marino, reduce el crecimiento económico y pone en peligro la seguridad alimentaría y los medios de vida de los habitantes de las zonas ribereñas, particularmente en los países en desarrollo (ONU, 2002). Lo que trascendiendo a las prioridades humanas conlleva a un problema ecológico de fondo, la desaparición de las poblaciones naturales que son explotadas.
De los moluscos explotados para consumo humano, la ostra, Crassostrea rhizophorae, es uno de los bivalvos que mayor de interés comercial tiene en el Mar Caribe y aguas adyacentes (Gil y Moreno, 2007). En Venezuela, la comercialización de la ostra se realiza en casi todas las playas con mayor potencial turístico del país, la cual es ofrecida al turista o visitante cruda directamente en la concha (Gil y Moreno, 2007).
La comercialización de la ostra de mangle (Crassostrea rhizophorae) se realiza durante casi todo el año en las playas orientales, con mayor incidencia en temporadas altas y es realizada por tres grupos: los extractores, los extractores – vendedores y los re-vendedores. La comercialización de este recurso pesquero es una actividad económicamente importante de la cual dependen gran número de personas, siendo la única entrada de ingresos en el grupo familiar, este factor ocasiona graves problemas ecológicos no sólo porque contribuye a una sobreexplotación de los bancos naturales, sino que también se extrae la raíz del mangle rojo que es donde suele fijarse en los sistemas lagunares (Villarroel et. al., 2005).
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